El día que tuve mi primer libro en las manos.
Siempre he creído que las primeras veces marcan la vida. Con el tiempo solemos olvidar detalles que fueron inmensos, pero al escribirlos se vuelven a abrir con la misma intensidad con la que sucedieron. Por eso quiero dejar aquí lo que sentí al tener mi primer libro en las manos
Desde muy pequeña soñé con escribir y publicar, pero también tuve miedo. Toqué muchas puertas, participé en convocatorias, recibí varios “no” y también propuestas que atentaban contra lo que yo era y lo que creía. Aun así, nunca dejé de buscar ese camino. Finalmente decidí publicarlo de manera independiente, sin saber lo que eso significaba en realidad. No tenía idea de lo que era diagramar, maquetar, hablar de dimensiones, lomos o códigos de barras. Solo tenía claro que quería hacerlo realidad.
Creo profundamente en Dios y, aunque no me arrodillé en un rezo solemne, sí conversé con Él: ¿qué hago para que este sueño sea real? Hoy estoy convencida de que cuando la ilusión se une con la acción, se enciende la fe que mueve montañas.
Después de años de frustraciones y dudas, decidí intentarlo. A pesar del miedo, la angustia o las dificultades económicas, me dije: sé valiente, enfréntalo.
Recuerdo perfectamente el día que el libro llegó a mi casa. Estaba visitando a una amiga que pronto tendría a su hija, mi querida Antonella. Mi papá me escribió: “Llegó un paquete para ti, está en portería”. Apenas pude, tomé un carro, corrí a casa y recibí la bolsa de Envia. Dentro había un solo ejemplar. Lo tomé entre mis manos, lo sentí antes de verlo: su peso, su tamaño, su forma. Mientras subía en el ascensor, las lágrimas comenzaron a salir. Era real.
Entré a mi cuarto, encendí la cámara y grabé mis primeras reacciones, porque quería guardar esa memoria intacta. No me sentí “orgullosa”, porque aún no alcanzo a dimensionar lo que significa. Lo que sí sentí fue que era una mujer valiente, que había enfrentado todos los miedos, los rechazos y las limitaciones.
Ese primer libro fue y será inolvidable. Más que un objeto, fue la respuesta a años de amor, persistencia y resiliencia.
Hoy escribo para honrar la memoria, para sentir y dar espacio a las cosas, para ponerle nombre a los momentos y hacer que no se pierdan en el olvido. No escribo para ser la mejor en esto, ni busco ser la escritora del año. Escribo porque quiero que otros encuentren en mis palabras un lugar para ser y para hacer, un espacio donde los sueños, los dolores y las alegrías también tengan voz.


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