La razón por la que escribo.


Muchas veces me pregunto por qué escribo. No escribo para ser la mejor, ni para competir con nadie, ni para alcanzar un reconocimiento. Escribo porque lo necesito, porque en las palabras encuentro un refugio y una forma de darle sentido a lo que vivo.

Escribo para no olvidar. Porque la vida pasa rápido, y con ella se escapan detalles, momentos y emociones que parecían eternas y luego se desvanecen en la memoria. Al ponerlos en papel, vuelven. Se hacen presentes. Es como si la tinta pudiera detener un instante y darme la posibilidad de sentirlo otra vez.

Escribo también para honrar. Honrar mi historia, a las personas que me acompañan, los lugares que me marcan y las emociones que me atraviesan. Porque creo que escribir es otra manera de agradecer, de rendir tributo a lo que me hizo crecer, incluso cuando dolió.

Escribo para acompañar. Porque aunque la escritura nace en soledad, las palabras nunca viajan solas. Llegan a otros y, de alguna manera, se convierten en un espejo donde alguien más puede reconocerse. Si mis palabras logran que alguien se sienta menos solo, entonces ya tuvieron sentido.

Y escribo también para enseñar. Para transmitir lo que sé, lo que aprendo, lo que descubro en mi profesión, en mis experiencias y en mi vida. Creo que el conocimiento tiene sentido cuando se comparte, cuando no se guarda en un cajón sino que se transforma en palabras que otros puedan hacer suyas.

Y, sobre todo, escribo porque escribir me recuerda quién soy. Porque en medio de tantas facetas, proyectos, sueños y miedos, el papel me da un lugar para detenerme, escucharme y volver a mí.

Esa es la razón por la que escribo: no para acumular logros, sino para habitar mi propia vida con más conciencia, para enseñar y acompañar, para darle nombre a lo que siento y para ofrecer un pedacito de mí a quien decida leerme.

Comentarios

Entradas populares