La grulla que habita en mi libro
¿Por qué una grulla? Porque en ella se cruzan dos mundos que para mí son esenciales: la fragilidad y la fuerza. Un papel, aparentemente tan débil, puede transformarse con paciencia en un ave que vuela. Esa metáfora fue la que me sostuvo en el proceso: cada escrito, cada página, fue como un doblez que poco a poco iba dando forma a lo que parecía caótico, disperso, roto.
La grulla tiene, además, un peso cultural y espiritual profundo. En muchas tradiciones representa longevidad, esperanza y paz. Se dice que doblar mil grullas concede un deseo. Yo no doblé mil, pero sí aprendí que cada pliegue guarda la memoria de un instante, la intención de quien lo hace, la paciencia de unos dedos que se toman el tiempo de crear. Y eso es, al final, lo que hice con mi escritura: transformar recuerdos en vuelo, darle alas a lo que parecía condenado a quedarse guardado.
En mi vida, las grullas también han sido una forma de resistencia. Cuando atravesé momentos difíciles, me aferré a la idea de que un pedazo de papel podía convertirse en algo más grande que él mismo. Que lo vulnerable podía alzar vuelo. Esa certeza me acompañó mientras escribía, porque en cada poema y en cada reflexión estaba presente esa misma pregunta: ¿puede algo tan frágil sostenerse y encontrar su cielo? La grulla me enseñó que sí.
Por eso no quise que fuera solo un adorno en la portada. La grulla es el corazón visual y simbólico del libro. No es casualidad que esté ahí: es un recordatorio de que escribir también es un acto de plegar, de doblar lo cotidiano, lo doloroso, lo hermoso, hasta convertirlo en una figura que respira y permanece.
Cada lector que tenga el libro en sus manos encontrará a la grulla como puerta de entrada, como invitación. Porque así como yo transformé mis recuerdos en vuelo, cada quien puede desplegar los suyos al leer. La grulla no es solo mía: es también de quien se acerca, de quien abre el libro y se deja tocar por una palabra.
Hoy entiendo que la grulla habita mi obra porque resume lo que soy y lo que busco: unir lo efímero con lo eterno, lo íntimo con lo compartido, lo vulnerable con lo que puede volar. Escribir fue, y seguirá siendo, mi manera de doblar papeles internos para darles forma. Y mi deseo más grande es que, al pasar las páginas, cada persona pueda sentir también ese movimiento: el de algo que parecía frágil, pero que se convierte en vuelo.

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