03. Todo deja huella

 

Estuve al frente de muchos animales prehistoricos.

Y aunque eran solo huesos, quietos, fríos, sentí algo moverse dentro de mí.

Había algo profundamente humano en esa escena: mirar lo que alguna vez fue vida,

y reconocer que el tiempo lo cambia todo, pero no lo borra del todo.

Pensé en lo impresionante que es que algo tan antiguo todavía exista.

Que, miles de años después, sigamos encontrando pedazos de aquello que fue.

Me pareció una metáfora perfecta de la vida:

de cómo incluso cuando ya no estamos, algo nuestro permanece.

El tiempo pasa y transforma, sí.

Pero cada paso deja una huella.

A veces visible, como las marcas sobre la tierra;

otras, silenciosa, como la memoria en alguien más.

Me quedé ahí, en medio del museo, pensando en las cosas que el tiempo se lleva y en las que decide conservar.

Pensé en cuántas palabras pronunciadas sin pensar siguen resonando en otros,

en cuántos gestos pequeños, imperceptibles, se convierten en la razón por la que alguien cree o deja de creer.

Y entendí que no se trata de ser recordados por todos,

sino de dejar algo real en alguien, algo que haya tenido sentido.

Una emoción, un pensamiento, una semilla.

Cada vida, cada historia, deja un rastro.

Algunos dejan arte, otros amor, otros silencio, pero todos dejan algo.

Porque vivir, al final, es una forma de imprimirnos en el mundo.

A veces las huellas no están en los grandes logros, sino en los gestos más simples.

En una conversación que cambia el rumbo.

En un abrazo que llega justo a tiempo.

En una presencia que sostiene sin decir nada.

Mirar esos huesos gigantes me recordó que nada de lo que vivimos se pierde del todo.

Que incluso lo que parece desaparecer, en realidad se transforma.

Y que tal vez lo importante no sea cuánto duramos,

sino qué dejamos vibrando cuando ya no estamos.

Todo deja huella, incluso lo que no alcanzamos a comprender.

Y eso me lleva a pensar que el verdadero paso del tiempo no se mide en años,

sino en el eco que dejamos en las vidas que tocamos.

Para pensar…

  1. ¿Qué tipo de huellas estás dejando en el mundo, incluso sin darte cuenta?
  2. ¿Qué te gustaría que quedara de ti cuando el tiempo siga su curso?
  3. ¿Cuánto de lo que haces nace desde el miedo… y cuánto desde el amor?
  4. ¿Y si el verdadero legado no fuera lo visible, sino lo que toca el alma de alguien más?

Este texto hace parte de mi Reto #100DíasDePensARTE,

Una travesía donde reflexiono sobre lo que nos mueve, nos transforma y nos deja huella. Si llegaste hasta acà, gracias. 

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